El Hombre

Cierto o no, el estudio propio de la humanidad es el hombre, es el único estudio en donde el objeto de estudio y el estudiante son lo mismo; en donde el objeto de la ciencia es la naturaleza del científico. Si consideramos todos los esfuerzos que el hombre ha hecho en respuesta a la antigua pregunta del “quienes somos”, entonces es probable que la sicología tenga una tradición mas larga que cualquier otra ciencia. Pero por una concepción más estricta de la ciencia, se requiere más que solo la visión individual de la conciencia propia. Las definiciones, principios y análisis aplicables a todos los hombres deben ser establecidos, y ha sido cuestionado si el método de introspección cumple con este propósito. Qué métodos deben ser usados por los sicólogos depende en parte en el preciso objeto y enfoque del estudio. De acuerdo a los diferentes objetos y diferentes métodos que definen la sicología, parece haber diversas disciplinas alrededor de esto, cada una con su propia tradición del en pensamiento occidental.

En una concepción, la psicología inicia él dialogo de Platón y con “En el alma” de Aristóteles. Como lo expresa Aristóteles, las raíces del griego de la palabra “psicología” consta que el alma, más que el propio hombre, es el objeto de la ciencia. El antropólogo Kant sugiere que seria un nombre mas apropiado la ciencia del hombre. Los griegos propusieron la extensión del alma, mas allá del hombre, hacia todas las cosas vivientes. Es por esto que “el alma en cierto sentido es el principio de la vida animal”, Aristóteles escribe que “el conocimiento del alma abiertamente contribuye en gran manera al avance de la verdad en general y, sobre todo, a nuestro entendimiento de la naturaleza”.

Sin embargo, la sicología de los griegos concierne principalmente al estudio del hombre. Al análisis de las partes o las facultades del alma humana es un análisis de las propiedades de la naturaleza del hombre –los poderes que posee el hombre, sus actos característicos y las funciones de las que es capaz. Los métodos por los cuales este análisis es desarrollado son, por lo general, los mismos métodos que los filósofos griegos usan en la física. En “El estudio del Alma”, Aristóteles escribe, “recae dentro de la Ciencias Naturales”. Las definiciones de los sicólogos, como aquellas de los físicos, dan un cierto modo de movimiento, o facultad de movimiento. En el caso del alma humana, sin embargo, los sicólogos pueden emplear un método no aplicable a otras cosas. El intelecto humano es capaz de examinarse a uno mismo. La mente puede saber cosas acerca de sí misma que de otra forma no serian observables.

La materia propia de la sicología se hace mas estrecha cuando, en un momento futuro en la tradición, el estudio de la mente tiende a reemplazar al estudio del hombre. Esta estrechez toma lugar gradualmente. A pesar que Descartes identifica al alma con mente e intelecto, también le atribuye las pasiones y la voluntad al igual que al pensamiento y conocimiento. A diferencia de Descartes cuando se refiere al cuerpo y al alma, Hobes y Spinoza también le dan mucha atención a las emociones como a las ideas y al razonamiento.

Pero con Locke, Berkeley y Hume existe una tendencia creciente a analizar el contenido de la conciencia y los actos de entendimiento, tratados exclusivamente como una facultad de pensamiento y sabiduría. Cuando en tempranas tradiciones la observación del comportamiento humano y el comportamiento de otros animales parece ser útil en sicología, aquí la principal fuentes del conocimiento sociológico parece ser la introspección.

En “los principios de la psicología” por William James y los escritos de Sigmund Freud representan un regreso a la concepción más burda de la ciencia. De acuerdo a James, “es mejor dejar que la ciencia sea tan vaga como el objeto de estudio, si por hacer esto podemos descartar cualquier fuga en el negocio a tratar”. Si la sicología “toma en consideración el hecho de que la mente habita en ambientes que actúan en él, los cuales a su vez reaccionan” y “se necesita la mente en medio de sus concretas relaciones, es inmensamente más fértil que la pasada de moda sicología racional, la cual consideraba al alma como una existencia aparte, suficientemente independiente y asumiendo la consideración de sus propiedades y naturaleza. Es por esto que debo sentirme libre”, James continua diciendo que “para hacer una inferencia en la zoología o en la mas pura sicología la cual parece ser instructiva para nuestros propósitos”.

A pesar de que en las manos de James y Freud, el enfoque de la sicología se extiende no mas lejos que el rango de los tópicos que cubre, Aquinas en su trato del hombre y su trato en los actos del hombre y sus pasiones, su retorno al estudio del hombre como un todo es acompañado por un interés en la invención de un nuevo método, experimental y clínico. “Como ciencia”, Freud escribe “el sicoanálisis está caracterizado por los métodos con los cuales trabaja, no por los sujetos de materia con los cuales lidea”. Aquellos que distinguen entre la ciencia y la filosofía en términos de investigaciones empíricas dan comienzo a la sicología por la utilización de estos nuevos métodos. Se refieren a la mayoría de los escritos sociológicos antes de James y Freud así como a los trabajos de especulación y filosofía.

Controversialmente sobre la validez de las confusiones en sicología, a veces se tornan en los reclamos conflictivos de métodos rivales de ser la única forma de llegar a la verdad; y muchas veces, como con Kant, el enfoque de los métodos parece ser subordinado al enfoque de sujeto de la materia.

Kant admite la posibilidad de una sicología empírica la cual puede confinar sus estudios al proceso fenomenal del pensamiento y sentimiento, es por esto que “podemos llamar en ayuda a las observaciones en el transcurso de nuestros pensamiento”, y la tendencia que se deriva a “las leyes naturales del ser pensante”. Pero, continúa diciendo “nunca podría estar disponible para el descubrimiento de esas propiedades las cuales no pertenecen a la experiencia posible”.

Lo que llama Kant “psicología racional” apunta a lo que para él es imposible, conocida como conocimiento de la realidad o substancia de la propia alma. Es posible, dice, hacer “cualquier afirmación dogmática concerniente al objeto de la experiencia más allá de los límites de la experiencia”. La crítica de Kant a la sicología racional parece estar basada en los mismos principios que conotan su crítica a las aserciones metafísicas acerca de la existencia de Dios, y la libertad de la propia voluntad.

Esos principios están basados en una elaborada teoría de las facultades del hombre, tales como el sentido, el entendimiento y la razón, y el papel que juegan en la constitución de la experiencia y el conocimiento. Pero Kant no se arrepiente de su propia teoría de las facultades como la sicología. Escritores como Locke y Hume, por otra parte, parecen hacer su propia sicología –ciertamente en sus principios, preocupados por como los contenidos de la mente son adquiridos y formados—la base para apreciar la validez de todo el conocimiento restante. Ellos no cuestionan la validez de la misma sicología. Ellos parecen asumir que el conocimiento por si mismo tiene una peculiar ventaja sobre todas las demás investigaciones.

Estos puntos en el enfoque y validez de la sicología son en un sentido más relevantes a los capítulos de CONOCIMIENTO, MENTE y ALMA que a este. Su relevancia aquí está limitada a su conexión con los principales puntos acerca de la naturaleza del hombre. No precisamente las tradiciones de la sicología, pero la completa tradición del pensamiento occidental se parece dividir en las interrogantes de la esencia del hombre.

El cuestionamiento puede ser planteado en un sin número de formas. ¿Es el hombre un animal racional?, y si ¿esta definición implica que el hombre tiene libre voluntad y que sólo el hombre la tiene? Como el cuestionamiento acerca de la distinción entre las cosas vivientes y no vivientes o los cuestionamientos similares acerca de las diferencias entre las plantas y animales, esta pregunta puede también ser formulada en términos del contraste entre la diferencia en tipos y diferencia en grados. ¿El hombre difiere esencialmente en tipo de otros animales, o si todos los animales poseen las mismas propiedades fundamentales?,¿Difiere el hombre de otros solo en el grado en el cual posee algunas de estas cualidades compartidas?

Algunos, como Darwin, piensan que “la diferencia en la mente entre el hombre y los animales primarios, tan grande como sea, ciertamente pertenece a los grados y no a los tipos”. El escribe que “los sentidos y la intuición, las emociones varias y las facultades, tales como el amor, memoria, atención, curiosidad, imitación, razón, etc., de las cuales depende el hombre, pueden ser encontradas en un incipiente, o en algunas ocasiones bien desarrollas condiciones, en los animales primarios. También son capaces de algún mejoramiento heredado, como hemos visto en perros domésticos comparados con los chacales y lobos. Si pudiera ser probado que algunos elevados poderes mentales, tales como la formación de conceptos generales, auto conciencia, etc., fueran absolutamente peculiares del hombre, que es extremadamente dudoso, no es improbable que estas cualidades sean meramente el resultado incidental de otras facultades intelectuales altamente avanzadas; y estas a su vez son principalmente el resultado de un continuo uso de un lenguaje perfecto”. Este punto de vista claramente toma la posición de que el hombre se distingue de otros animales en la misma forma en que una especie animal varía de otra.

Aquellos que toman la posición contraria no siempre están de acuerdo en la naturaleza precisa de un tipo diferente. La mayoría de las veces, ellos atribuyen el raciocinio solo al hombre y el uso de la palabra “bruto” para describir todos aquellos otros animales que carecen totalmente de razón, no importando que tan acertada sea su inteligencia o la aparente sagacidad de sus reacciones instintivas. Milton, por ejemplo, en común con muchos otros, describe al hombre como

...una criatura que no expresa

y tan bruta como otras criaturas, pero por mucho

con gran parte de gusto por la razón, estando erecto

su estatura, y rigidez de frente serena

gobierna al resto, conociéndose a sí mismo, y por ende

merecidamente a corresponder al cielo.


Aquellos que encuentran una diferencia en tipo entre el hombre y otros animales también tienden a pensar que la sociedad humana y el lenguaje humano son esencialmente diferentes al comportamiento y por tanto los cantos de los pájaros, los gritos de la jungla o el cotorreo, por que son el trabajo o expresión de la razón. Contradictoriamente a Darwin, algunos encuentran que en el lenguaje humano, no por las diferencias aparentes en tipo de otros animales, pero por la consecuencia de su real diferencia en tipo –su distintivo raciocinio. El hecho de que el hombre hace ciertas cosas que ningún otro animal hace, por el hecho de que el hombre posee ciertos poderes que ningún otro animal comparte con ningún otro grado, ni siquiera lo mas mínimo. Es por esto que al interpretar a Darwin cuando se refiere al simio artrópodo al intentar “transformar una piedra en herramienta” o “seguir una cadena de razonamiento metafísico, o resolver un problema matemático o reflexionar sobre Dios, o admirar el paisaje natural”, como una indicación de que el primate carece totalmente de razón o intelecto humano, sin embargo, utiliza su inteligencia animal. Pero los escritores que están de acuerdo de que hombre es radicalmente diferente de los “brutos”, no todos están de acuerdo del crédito que se le da a la razón humana; ni tampoco todos afirman la libre voluntad como el natural compañamiento del raciocinio.

Locke, por ejemplo, inicia su ensayo “Lo concerniente al entendimiento humano” haciendo hincapié en que “el entendimiento...pone al hombre por encima del resto de los seres sensibles”. El hombre y otros animales parecidos tienen el poder del sentido, memoria e imaginación, pero “brutos o no... el poder de la abstracción no es totalmente de ellos”. Este poder de poseer “ideas generales en el cual se pone una perfecta distinción entre hombre y los brutos, y una excelencia en la cual las facultades de los brutos no se apegan a ellos”. Pero Locke niega que el hombre tenga libre voluntad en el sentido de una libre elección entre diferentes alternativas. Rousseau, por otro lado, declara que “cada animal tiene sus ideas... y es solo en grado que difiere de los brutos... Es por esto que este entendimiento que constituye la diferencia especifica entre el hombre y los brutos, como la cualidad humana de auto asignación... y es particularmente en su conciencia de su libertad que la espiritualidad de su alma es desplegada”.

James esta de acuerdo con Locke en que “es probable que los brutos no comprendan los caracteres abstractos ni asocien por similaridad, pero es el hecho de que el propio James hace la distinción principal entre el hombre y el bruto. “Podemos”, dice, “considerar que se ha comprobado que la más elemental diferencia entre la mente humana y la de los brutos se centra en la deficiencia en la parte bruta para asociar ideas por similaridad”. James enumera “las otras clásicas diferencias del hombre, aparte de ser el único animal racional”. Al hombre se le ha llamado, dice, “el animal sonriente”, y “el animal parlante”, pero estos rasgos distintivos, como el razonamiento humano, dice James son como “consecuencia de sus poderes sin rival... para asociar ideas por similaridad”.

La razón y la lengua es para James el efecto, donde para Adam Smith son la causa de los atributos peculiares del hombre. “La tendencia al trueque, intercambio de una cosa por otra”, dice Smith, es “común a todos los hombres, y no puede ser encontrado en ninguna otra raza de animales”. Esto parece ser parte de “una necesaria consecuencia de las facultades de la razón y el lenguaje” que es peculiar al hombre. Hobbes, como se vio anteriormente, toma todavía una posición, desde que él explica el poder del raciocinio humano en términos de su facultad del habla, una facultad que posee ningún otro animal. Tocqueville apunta que “A pesar de que el hombre se parece al animal en muchos aspectos, una característica es peculiar solo a él: se mejora a sí mismo, y ellos no”.

Las discusiones de las diferencias entre el hombre y otros animales no son el único punto donde los filósofos y los teóricos sociales incurren, pero también escritores de ficción, que a menudo son rápidos para posesionar al hombre por encima de las bestias. En “las travesías de Gulliver” de Swift, los “Houyhnhnms, con semejanza a los caballos” criticaban a la raza humana por su carencia de razón y virtud, y en “Moby Dick”, Melville propone a una ballena mas sublime que el hombre. En “Granja de animales”, Orwell da un nuevo significado a la aseveración de Aristóteles de que “el hombre es un hombre político” comprando al hombre con criaturas como los cerdos y ovejas –conceptos políticos que todavía se encuentran vigentes. Ciertamente el más impresionante de todas las compasiones de ficción entre el hombre y los animales se representa en “La Metamorfosis” de Kafka donde la oración inicial nos dice al lector que el personaje principal se ha transformado en una cucaracha –símbolo de una existencia baja según la visión de Kafka.

A pesar de todas estas variaciones en teoría o explicación, escritores como Locke, Rousseau, James, Smith y probablemente Hobbes, parecen estar de acuerdo en que el hombre y los brutos difieren en tipo. Sobre este punto ellos están de acuerdo con escritores como Platon, Aristóteles, Agustín, Descartes, Spinoza, Kant, y Hegel, que aseveran que el hombre posee una especial facultad de mente, razón o intelecto. La posición contradictoria no es, por lo tanto, encontrada en la negación de alguna teoría en particular de la razón, pero a pesar de negar algunas facultades o atributos que el hombre pudiera poseer se pude llamar al hombre “racional” y a otros animales “brutos”.

El hecho rodea a estas posiciones contradictorias. Pero a veces es evitada por aquellos que no ven mas allá en la civilización humana ciertas características distintivas, como las artes o la ciencia, la ley, el gobierno y la religión. J.S. Mills, por ejemplo, discutiendo la justicia, encuentra sus raíces en el impulso natural para “residir o contra atacar cualquier daño hecho o intento en nuestra contra, o en contra de aquellos con quienes simpatiza ... común en toda la naturaleza animal”. El hombre difiere de otros animales, escribe, “primero, en ser capaz de simpatizar y no solitariamente con sus retoños, o como otros animales más nobles, con otros animales superiores que le son nobles, pero con todos los humanos e incluso con aquellos otros seres vivientes. Segundamente, el poseer una desarrollada inteligencia, la cual le da un más amplio rango a sus sentimientos. Por virtud de su inteligencia superior, un ser humano es capaz de adoptar una comunidad de intereses entre el mismo y la sociedad humana de la que forma parte”.

Una visión de este tipo parecería dejar abierta la interrogante de que si un hombre comúnmente desarrolla significativamente la posesión del hombre por sus poderes especiales que lo ponen aparte como un “tipo diferente”. Mientras sean admitidas extraordinarias diferencias entre el comportamiento y logros del hombre y los animales, este punto de vista no rechaza la posibilidad de que dichos logros puedan representar meramente amplias diferencias en grados de poder, los cuales le dan la apariencia de un tipo diferente.

Como hemos observados, el punto acerca del hombre y del bruto no puede ser separado de la controversia acerca de las llamadas “facultades mayores” del hombre. Excepto por la visión de que el hombre es puramente un ser espiritual, que meramente habita o usa su cuerpo físico, ninguna teoría de la naturaleza del hombre duda de que el hombre, como organismo viviente, posee en común con plantas y animales ciertos poderes o funciones corporales. Las funciones vegetativas que Galen llama “las facultades naturales” son indispensables para el humano como para todas la formas de vida corporales. Similarmente, los poderes de sensibilidad y apetito o deseo se presentan obviamente en el hombre como en otros animales. Para el observador, quien ve solo el exterior del comportamiento humano o animal, el hombre y los animales mayores parecen reaccionar a los estímulos físicos de los sentidos de su organismo con un repertorio similar de movimientos corporales, los cuales varían al igual que su estructura esquelética y sus órganos motrices. Ellos también manifiestan señales de emociones perturbantes suficientemente similares a las emociones de amenaza como el miedo, la ira, tan comunes al hombre como a otros animales.

Con todo esto parece haber una pequeña disputa en la tradición de los grandes libros. Pero interrogantes difíciles surgen cuando el significado interno de estos movimientos externos es considerado. Ambos, el hombre y el animal tienen órganos de sentimientos familiares y el dicho poder de tacto, gusto, olfato, oído y vista. ¿Pero estas sensaciones le dan pie al conocimiento en la misma forma al hombre y al animal? ¿Los poderes de la memoria e imaginación extienden un rango animal de aprehensión como lo hacen en el hombre? ¿Estos poderes afectan la percepción de los objetos actuales en la misma manera en lo hombre y entre los animales?

Dichas preguntas no son realmente contestadas por la sola observación del comportamiento externo. Lo que parece ser llamada –la comparación de la experiencia del humano y el animal—no puede ser obtenida. La dificultad de los problemas se hace más intensa cuando una facultad especial del conocimiento y pensamiento es atribuida al hombre, para el sentido de percepción del animal y del humano, imaginación y hasta la emoción pueden ser inconmensurables si un especial factor de entendimiento o razón entra en contacto con todas las experiencias y se hace totalmente ausente en los animales.

En el antiguo periodo medieval, la facultad sensitiva, incluyendo los poderes sensitivos interiores de la memoria e imaginación, es generalmente distinguida de otras facultades, variablemente llamada “intelecto”, “razón”, o “mente”. Escritores como Platon, Aristóteles, Plotinus, Lucrecio, Agustín y Aquinas tuvieron diferentes concepciones del intelecto o mente, en sí mismo y en su relación al sentido o imaginación, pero no cuestiona su existencia como una facultad por separado. El rango de los poderes sensitivos no se extienden a la idea o a los objetos inteligibles o es sensible a la memoria o imaginación para ellos, al igual que el pensamiento racional.

No solo parece ser incuestionable la tradición en la antigua época medieval de que el hombre posee a Dios distintas facultades de conocimiento, pero se asume generalmente que otros animales tienen un mayor o menor grado, el poder solo de los sentidos. Solo el hombre puede entender al igual que percibir; solo el hombre puede conocer lo universal y lo particular; solo el hombre puede pensar en objetos que sean sensibles o estrictamente imaginables –objetos como los átomos y Dios, lo infinito y lo eterno, o el intelecto por sí mismo. La afirmación de una esencial diferencia entre la razón y el sentido parece ser inseparable de la afirmación de una esencial diferencia entre el hombre y los brutos.

Dudas o negaciones acerca a las dos afirmaciones logran considerable prevalesencia en los tiempos modernos. Pero a pesar de que estas dos afirmaciones parecen ser inseparables, no siempre son negadas juntas. Mantaigne, por ejemplo, no tiene duda de que el hombre tiene razón como a que los animales carecen de ella. Él considera esta materia en la ligera evidencia externa, en términos de la comparable actuación de los hombre y los animales. La ligera razón parece estar vigente para las dos.

Él repite muchas historias de Plutarco, Pliny, y Chrysippues que supuestamente revelan la mentalidad comparable de los animales y el hombre. Una es la historia del perro cazador que sigue el olfato, llega a una encrucijada. Después de seguir oliendo los primeros dos caminos no muestran rastro de olor, el perro sin dudar sigue la persecución por el tercer camino donde encuentra rastro. Esto, sugiere Monstiagne, es un ejemplo.

Es conocido que Aquinas cuenta exactamente la misma historia para establecer el punto que las apariencias del razonamiento en animales puede ser explicado como una conducta instintivamente determinada. “En el trabajo de animales irracionales”, Él escribe “nos damos cuenta de algunas marcas de sagacidad, tan lejos como su posesión de una natural inclinación a probar sus acciones en la manera más ordenada al ser ordenados por un arte superior. Por dicha razón, también, algunos animales son llamados prudentes o sagaces; y no por que han razonado o ejercitado cualquier opción acerca de las cosas”. Este comportamiento no es el resultado de la razón, él dice, “es claramente por el hecho de que todo lo que se comparte en cualquier acto en la naturaleza invariablemente de la misma forma”.

A diferencia de Montaigne, Machiavelli parece implicar de que el hombre y los brutos son parecido, no en la razón, sino en la carencia de la misma. La inteligencia se inhibe así misma por gran parte por la pasión. El hombre no es menormente bruto en esencia por que en la jungla de la sociedad comúnmente tiene éxito mas por su astucia que por la fuerza. Es probable que el hombre tenga mas astucia que un zorro, pero sin armadura también es más débil que el león.

Por la mayor parte, sin embargo, lo moderno difiere de lo antiguo en el punto de vista medieval toma forma al negar que la razón y el sentido son poderes diferentes. En su más característica expresión, esta negación es acompañada por una negación de las ideas abstractas como en los escritos de Hobbes, Berkeley y Hume. Su posición, discutida mas ampliamente en el capitulo de UNIVERSAL Y PARTICULAR, es que los hombres solo dan la apariencia de tener ideas abstractas o generales por que ellos emplean nombres comunes con significancia general.

El lenguaje, de acuerdo a Hobbes, es la raíz de todas las demás diferencias entre el hombre y el bruto. El sentido y la imaginación son “comunes al hombre y a la bestia”. El razonamiento, o el “encadenamiento de pensamientos”, pueden tomar lugar en cualquier animal que tenga memoria e imaginación. Pero este tipo de entendimiento que Hobbes describe como “concepción causada por el habla”, es peculiar al hombre. Esta declaración de que “por la ayuda del habla y el método, las mismas facultades que pertenecen a ambos, al hombre y la bestia “puede ser deducido a tal altura que distingue al hombre sobre todas las criaturas vivientes”, pareciera implicar que Hobbes toma en cuenta al hombre como superior a todos los demás solo en grado. Todavía, por otra parte, él enumera una variedad de instituciones peculiares a la vida humana, como la religión, las leyes y la ciencia, que implica una diferencia en tipo.

Como Hobbes, Berkeley piensa que los hombres usan nombre generales pero no tienen ideas abstractas o generales. Pero él parece menos dispuesto que Hobbes para otorgarle al hombre una clara superioridad, a pesar de partir que el hombre posee el poder del habla. Hume va mas allá que Berkeley o Hobbes. Estando de acuerdo con ellos en que el hombre no tiene facultad sobre los sentidos y la imaginación y no tiene facultad que tampoco posee los animales, él por si mismo explícitamente llega a la conclusión que implica lo mismo.

“Los animales al igual que los hombres”, escribe, “aprenden muchas cosas de la experiencia e infieren que los mismos eventos siempre se derivan de las mismas causas”. Estas inferencias, en animales o en los hombres, no son “fundadas en ningún proceso de discusión o razonamiento”. Estos son el resultado de la operación de las costumbres e instinto.

Pero si la costumbre e instinto subrayan la aparición del razonamiento en hombres y animales, se puede cuestionar, dice Hume, “¿cómo sucede que el hombre tan por encima de los animales en razonamiento, y como un hombre se encuentra por arriba de otro? Su respuesta parece estar totalmente en términos de grados del mismo factor. El misto tipo de diferencia que se obtiene entre una inteligencia superior e inferior y entre los hombres o los animales.

Todas las evidencias con las que Darwin después trabaja y las características de la mente humana es expuesta por el como prueba de este mismo punto. Pero aquellos que piensan que solo el hombre tiene un intelecto o facultad racional, sobre todos sus poderes sensitivos, dicha evidencia permanece inconclusa. Como en el caso del perro, del cual su comportamiento interpretan diferente Aquinas y Montaigne, los mismos hechos observados parecen ser capaces de una tan opuesta explicación por aquellos que poseen teorías opuestas de la inteligencia humana y animal.

Es su interna evidencia, obtenida de la introspectiva y experiencia del hombre y de su propios pensamiento, que pueden resolver la controversia. A la forma de ver de Descartes, la interpretación de dicha evidencia también parece depender de asumir acerca de la igualdad o diferencia entre los hombres y los brutos.

El punto concerniente a estos sentidos y a la razón es mayormente discutida in los capítulos de MENTE Y SENTIDO, y también en los capítulos de IDEAS DE LO UNIVERSAL Y PARTICULAR, donde el problema de las ideas abstractas o universales es considerada. El punto concerniente al alma en general y el alma humana en particular pertenece inicialmente al capitulo del ALMA, y también al capitulo de la MENTE. Pero como el punto acerca del sentido y el intelecto, rueda en el problema de la naturaleza, el hombre que merece un corto comentario aquí.

La cuestión no es si el hombre posee un alma, sino si solamente el hombre la posee; un alma racional; un alma la cual como un todo o como parte; un alma capaz de separar la existencia del cuerpo; un alma inmortal. Si el alma es concebida como el inicio de la vida en todos los organismos vivientes –como Aristóteles lo concibe—entonces el tener un alma no distingue al hombre de las plantas o animales. Si, mas adelante, el alma racional es distinguida del alma sensitiva o vegetativa en la misma forma en que el hombre se distingue de los animales o las plantas, haciendo referencia ciertos poderes, como el intelecto y la voluntad, entonces la declaración de que solo el hombre posee alma racional pareciera añadir nada a esta declaración de que solo el hombre es racional.

Pero si el alma humana, a pesar de ser racional, confiere también lo espiritual y lo inmaterial, la posesión del hombre de dicha alma parece ponerlo aparte de todas las cosas sociológicas, aun más adelante que los poderes especiales de la razón, lo separan de los hombres y los animales. La posición de Lucrecio ilustra esta distinción al revés. El no niega de que el hombre tiene un alma. A diferencia de otras cosas vivientes que también tienen alma, el alma del hombre incluye una parte especial a la que Lucrecio llama “mente” o “intelecto”. Él la describe como si tuviera “una fuerza que le da dirección a la vida, al igual que el entendimiento”.

A diferencia de Lucrecio, Descartes concibe al hombre como la unión de dos substancias. “Yo poseo un cuerpo”, escribe, “Con el cual estoy íntimamente relacionado y además por un lado, tengo una clara y distintiva idea de mí mismo tanto como solo pienso y entiendo las cosas, y como por otro lado, poseo una idea distintiva del cuerpo tal cual es solo como un ente no extendido y no pensado. Mas sin embargo, “las sensaciones de dolor, hambre, sed, etc.” Lleva a Descartes a añadir: “No estoy solo conectado a mi cuerpo como un piloto en su cabina, pero... Estoy muy cercanamente unido a el, tanto así que parece que estoy compuesto de el como un todo”.

Solo el hombre tiene una naturaleza dual, y compuesta. Otras cosas vivientes, son meramente cuerpos, teniendo la estructura y operación de complejas maquinas. Si, como las maquinas automatizadas y en movimiento... hechas por la industria del hombre”,

Es diferente para Descartes si algún otro animal es concebido como un autómata o si por tener vida, sensación e imaginación estuvieran concedidos de alma. “No he negado a los brutos”, escribe, “lo que vulgarmente se le llama vida, o alma corporal o sensaciones orgánicas”.