El Lenguaje

Las artes liberales de la gramática, retórica y la lógica tienen intereses sobre el lenguaje. Cada una de estas disciplinas establece sus propias reglas para el uso del lenguaje, cada una haciendo referencia a un especial estándar de excelencia el cual mide al lenguaje como un instrumento del pensamiento o comunicación. Juntas estas tres artes regulan la comunicación como un todo. Su relación entre cada una representa la relación de varios aspectos de la comunicación –la emocional, la social y la intelectual.

La tradición de los grandes libros es la tradición de las artes liberales. Su grandeza consiste solo en la magnitud de sus ideas o problemas con los cuales lidea, sino también su excelencia formal como productos del arte liberal. Algunos de los grandes libros son exposiciones de lógica o retórica. Ninguno es especifico a la gramática. Pero todos la ejemplifican plenamente, incluso cuando no exponen, los especiales refinamientos de las artes del lenguaje; y muchas de ellas, especialmente en el trabajo de la ciencia, filosofía y teología, e incluso algunos de los trabajos poéticos, lidian explícitamente con las dificultades de la comunicación, y los aparatos que han sido usados para vencerlos. El lenguaje es su instrumento, y son conscientemente críticos en su uso.

Uno de los grandes libros –el tratado de Agustín en “La Doctrina Cristiana”—es directamente y explícitamente preocupado por la gramática en el burdo sentido del arte de la lectura. Wittgenstein, en su propia discusión del lenguaje, comenta en el tratado de Agustín, criticándolo por su énfasis en el uso de pronombres en lugar de verbos. Pero fracasa en reconocer el especial interes en la lectura que parece ser crucial en el tratado de Agustín. Enfocándonos a “los estudiantes auditivos del mundo”, “La Doctrina Cristiana” intenta “desplegar las reglas para la interpretación”, y, haciendo esto, es comparado por Agustín a “el que enseña a leer, le enseña a otro a leer por sí mismo”. No es la lectura en general, sin embargo, sino la lectura de un libro –la Biblia—de la cual se preocupa Agustín.

Debemos regresar mas tarde a este especial problema de interpretar la palabra de Dios, o el lenguaje, el cual esta pensado para ser inspiración.

En nuestros días, hay un interes vivo en los problemas del lenguaje. Esto es parcialmente por el desarrollo de los estudios históricos y comparativos de los variados lenguajes humanos, y la formulación de lo que es común para todos los orígenes del lenguaje, estructura y cambio. Pero también resulta en parte de los reclamos de una población disciplinada llamada “semántica” al haber descubierto las propiedades del lenguaje como medio de expresión, y especialmente al haber descubierto sus limitaciones. Los reclamos de la semántica a menudo van tan lejos que pueden encontrar el mal uso del lenguaje de origen en el hombre. La nobleza de la semántica supuestamente recae en ambos, el diagnostico y el remedio propuesto.

De estas dos fuentes de interes en el lenguaje, existe un segundo llamado de atención a la viabilidad de las artes liberales, de las cuales la semántica hace una formulación contemporánea. Se puede decir que no hay nada nuevo acerca de la semántica excepto su nombre. Hobbes, Francis Bacon y Locke, por ejemplo, lidian explícitamente con los abusos del lenguaje y la rigidez de las palabras. Cada uno hace recomendaciones para la corrección de estas faltas. Platon y Aristóteles, Agustín y Aquinas, Berkely y Hume están similarmente preocupados con la ambigüedad del habla, con los múltiples sentidos en los que la comunicación de cualquier tipo puede ser interpretada, y con los métodos po medio de los cuales el hombre se puede aproximar a la precisión en el uso del lenguaje.

El otro interes en el lenguaje es también representado en los grandes libros. A través de la ciencia de la lingüística y las lenguas históricas ha habido investigaciones de reciente origen, especulaciones acerca del origen del lenguaje y, en este contexto, consideraciones de los aspectos naturales y convencionales del lenguaje y su extensión a todas las tradiciones. En todo momento la discusión de la naturaleza del hombre y la sociedad considera al lenguaje como uno de las principales características del mundo, específicamente humano, y compara el lenguaje del hombre con el habla de los brutos.

Además hay una burda investigación filosófica en la naturaleza de los signos y símbolos en general. Esto no esta limitado al problema de cómo el lenguaje escrito o hablado toma su significado. La pregunta general llama a una examinación de cada tipo de significado y de cada tipo de símbolo, verbal o no verbal, natural o artificial, humano o divino. A pesar de que estas materias están cercanamente relacionadas a los problemas del lenguaje y por consecuencia pueden ser tratadas aquí, el principal tratamiento se reserva al capitulo de SEÑALES Y SIMBOLOS.

El tratamiento del lenguaje parece tener un énfasis diferente en tiempos antiguos y modernos. Es solo que en los tiempos modernos que podemos encontrar a un filosofo, como Heidegger, que dice que “uno de los teatros esenciales del no-habla esta ligado en el sentido en el que el terror del abismo de la nada nos abate”. Solo en tiempos modernos podemos encontrar a un físico, como Heisenbert, apuntando que en la teoría cuantica “el problema más difícil” concierne “al uso del lenguaje”. No poseemos “una simple guía para correlacionar los símbolos matemáticos con los conceptos del lenguaje ordinario”.

Los filósofos de la antigüedad apreciaban la necesidad de salvaguardar la comunicación de las aberraciones del habla. Platon y Aristóteles usualmente antecedían sus discusiones de una materia con una examinación de sus palabras relevantes de uso actual. Descubriendo la variedad de significados unidos a las palabras comunes, ellos se tomaban el tiempo de enumerar los varios sentidos de una palabra, y también le daban orden a dichos significados. Ellos buscaban las definiciones o las construían para controlar la ambigüedad que se encuentra latente en el lenguaje que cualquier persona debe usar para expresarse o comunicar sus ideas. Pero esperaban eliminar la ambigüedad por completo.

Tendían a aceptar el hecho de que la misma palabra debería ser usada en un sin numero de sentidos; y discriminaban entre las ocasiones en las cuales era deseado el ser preciso acerca del significado de una de la palabra y de aquellas ocasiones donde el propósito de la comunicación seria mejor servida al permitir que la palabra pudiera cargar un gran rango de significados. No veían una especial dificultad entre palabras abstractas u opuestas a las concretas, o la distinción de nombres generales de nombres propios los cuales eran designados a individuos, o en las palabras que se refieren a los objetos puramente inteligibles como las ideas, en lugar de los objetos de la experiencia-sensorial.

Los estados de animo de la antigüedad, que también prevalecen entre los filósofos y teólogos en la Edad Media, parecen expresar una cierta tolerancia a las imperfecciones del lenguaje. Si el hombre no pensara claramente, si no razonaran o discutieran honestamente, la falta es primeramente el resultado del mal uso de sus facultades, no de la traición de sus intenciones por sus caracteres del lenguaje como un instrumento. Aun cuando el hombre no se entendiera uno con otro, lo inadecuado del lenguaje como medio de comunicación no seria solamente responsable por la falla de las mentes al encontrarse a través del intercambio de palabras. Con gran esfuerzo, con una aplicación más asidua de las artes liberales, el hombre puede tener éxito aun si el lenguaje trabaja en su contra.

Algunas cosas no tienen expresión en el habla humana, a pesar de ser incapaces de ser procesaras completamente por el pensamiento humano. “Mi visión”, dice Dante cuando ha alcanzado la rosa mística del paraíso, “fue más grande de la que el habla puede mostrar”. Este conocimiento que podemos tener de “la materia mas elevada y los primeros inicios de las cosas”, piensa Platon, “no admite la exposición como las otras ramas del conocimiento”. En su “Séptima Carta”, él va mas allá al decir que “ningún hombre de inteligencia se aventuraría a expresar su visión filosófica del lenguaje”.

Con estas excepciones la antigüedad parece adoptar una forma de tolerancia hacia el lenguaje. Esto no implica la subestimación de las dificultades de usar el lenguaje. Simplemente no hace al lenguaje un insidioso enemigo de la claridad y la verdad. Las deficiencias del lenguaje son como las debilidades de la carne. En gran parte el hombre puede superarlas a través de la disciplina de las artes liberales –las habilidades en gramática, retórica y lógica—puede hacer que el lenguaje exprese tanto como se pueda adquirir y comunicar, tan claro como pueda pensar. El hombre no necesita sucumbir a la tiranía de las palabras si ellas harán el esfuerzo requisito para ser amo del lenguaje y para que sirvan su propósito.

Pero las artes liberales no garantizan la pureza del propósito. El Ocultismo, la decepción y la mala concepción son en muchas ocasiones el objetivo. El hombre trata de convencer a otros a toda costa, o de ganar argumentos sin tomar en cuenta en donde recae la verdad. Tratan de confundir a sus oponentes o mal guiarlos en sus audiencias. El uso del lenguaje para dichos fines requiere tanta habilidad como en su empleo al servicio de la verdad. Si dicho uso es mal utilizado, el lenguaje esta igualmente disponible para su uso o mal uso.

Existe un dicho antiguo dice que, solo los competentes en gramática pueden cometer errores intencionalmente. Entonces, como Plantón reconoce, la diferencia entre los sofistas y los filósofos no es en habilidad sino en propósito. Cuando critica las mañas en los argumentos sofistas, también reconoce la astucia con la cual los sofistas jugaban con las palabras y en la forma en que proponían cosas absurdas bajo la cubierta de un significado superficial de habla. Las falacias sofistas que enumera Aristóteles son solamente errores accidentales. Lejos de ser el resultado de los impedimentos de los cuales da lugar el lenguaje en el sentido de los pensamientos, son mayormente equivocaciones artísticamente atribuidas. Son formas de usar el lenguaje en contra de la lógica. De acuerdo a Aristóteles, ellos representan “una pelea tonta al discutir” y son armas solo para “aquellos que desean ganar a toda costa”.

En el trato moderno del lenguaje existe mas imputación a las palabras por que el hombre, sin voluntad redimirse así mismo, a menudo permite que intencionalmente un hombre redima a otro. Los hombres están afectados por los trucos de la tendencia de las palabras para falsificar una realidad la cual no existe. Esto, en el punto de vista de Hobbes o Locke, Berkely o Hume, es particularmente cierto en nombres generales universales –o palabras que significan nada que pueden ser percibidas o imaginadas.

No podemos imaginar nada infinito, dice Hobbes. Tomando una palabra como “infinito” una forma absurda de habla “dándole crédito (con ningún significado) a filósofos muertos o escolares agonizando”. Además, para la decepción de la ambigüedad ordinaria y del lenguaje metafórico, Hobbes pone particular atención a lo absurdo, el insignificante o el uso sin sentido de palabras “en donde nada concebimos, solo el sonido”; él da ejemplos, no meramente “un cuadrado redondo”, sino “virtud infundada”, “libre voluntad”, y “sustancia sin materia”.

Con la luz de estos ejemplos, esta teoría carente de significado, explica lo que Hobbes quiere decir cuando dice que “las palabras por sí solas; son el dinero de los tontos”. También explica como Hobbes usa la susceptibilidad del hombre para auto decepcionarse a través del lenguaje como una manera de explicar los errores –el los llama “absurdos”—dentro de los cuales sus predecesores han caído. Lo que aquí es novela, no que esté en desacuerdo con los antiguos pensadores en estos puntos de la sicología y metafísica o teología, reduce lo que podría suponerse ser un problema entre opiniones falsas o verdaderas a una diferencia entre el habla significativa o absurda. Sus oponentes pudieran contestar que solo sus puntos de vista acerca del tema y mente son verdaderas, su criticismo semántico no los hace mantenerse unidos. Han sido seducidos por el lenguaje para hablar cosas sin sentido solo si Hobbes esta en lo correcto en lo concerniente a su sicología y metafísica.

El criticismo de los argumentos que parecen apoyarse en las metáforas que no son particularmente modernas. En su ataque a la teoría Platónica de las ideas, Aristóteles desecha la declaración de que las formas “son un patrón y las demás cosas las comparten” como el uso de “palabras vacías y metáforas poéticas”. Pero Hobbes toma este método de criticismo aun más lejos. Frecuentemente descansa este caso en contra de otros filósofos completamente en el terreno de que ellos solo hablan sin sentido. A pesar de que el mismo atrapa la imaginación, casi tan seguido como lo hace Platon, a través de sus hábiles metáforas, él insistiría en que lo que él dice tiene validez literaria, donde las metáforas de los otros demuestran insigificancia de su habla.

Bacon provee otra ilustración de la actitud moderna que le da un toque de carácter diabólico al lenguaje. ”El levantamiento de una mala e inadecuada formación de las palabras”, escribe, “una magnifica obstrucción a la mente. Las definiciones y explicaciones con las cuales ha aprendido el hombre son un escudo para protegerse así mismos, en alguna instancia, donde sea necesario un remedio total –las palabras aun fuerzan manifiestamente al entendimiento, avientan todo a la confusión y llevan a la humanidad a vanas e innumerables controversias y falacias”. Sigue diciendo que “los ídolos impuesto al entendimiento por las palabras son de dos tipos. Son los nombres de las cosas que no tienen existencia ... o son los nombres de los objetos, que confundidos, mal definidos e irregularmente abstraídos de las cosas”.

Aquí, como en el caso de Hobbes, una teoría de la realidad y en la forma en que trabaja la mente y saca ideas de la experiencia, parece subrayar la carga que el lenguaje hace a la mente en una telaraña de palabras, es así que prefiere lidiar con palabras en vez de lidiar con las cosas. Con este mismo espíritu, no proveniente de los mismos orígenes, Locke le dice a sus lectores el por que ha encontrado la necesidad de incluir en su ensayo “Lo Concerniente al Entendimiento Humano” el extenso tercer libro del lenguaje, el cual examina a detalle las imperfecciones, al igual que los abusos de las palabras, y por ende sus remedios.

“Vagas e insignificantes formas del habla y abuso del lenguaje”, dice, “han pasado por los misterios de la ciencia; y difíciles o mal aplicadas las palabras con un poco o sin significado han tomado, por prescripción, el derecho de ser consideradas en el aprendizaje profundo y alto de la especulación, la cual no será fácil de persuadir hasta en aquellos que hablan, o aquellos que escriben, que no son otra cosa mas que la cubierta de la ignorancia y obstáculo del verdadero conocimiento... Solo unos pocos son aptos de pensar y discernir el uso de las palabras o el lenguaje de las sectas con todo y sus faltas”.

Sin juzgar los asuntos fundamentales envueltos y concernientes a la naturaleza de las cosas y al hombre y su mente, un punto parece ser claro. A medida de que el hombre ha tomado diferentes concepciones de la relación del lenguaje y pensamiento (y en consecuencia asumir diferentes actitudes hacia las imperfecciones o mal uso del lenguaje), inevitablemente toman bandos opuestos sobre estos puntos. Si la disciplina del lenguaje es llamada semántica o artes liberales, el estándar por medio del cual el hombre critica al lenguaje de otro, parece depender en lo que él considera cierto o falso.

El presente trabajo sobre las grandes ideas radica, en parte, en asentar los acuerdos y desacuerdos acerca de las grandes mentes de la tradición occidental. También asienta como esas mentes han usado las mismas palabras en diferentes sentidos o han usando diferentes palabras para las mismas cosas. No se podría haber logrado sin ambas cosas. Esto indica la relación básica entre el lenguaje y el pensamiento, que en los grandes libros ejemplifica, aun cuando no hacen énfasis explícito de su discusión de la relación entre el lenguaje y el pensamiento.

El ideal de un lenguaje perfecto y universal párese tomar auge en tiempos modernos por la insatisfacción del lenguaje ordinario para el refinamiento analítico y la precisión de las matemáticas o las ciencias. Cuando Descartes propone el método de las matemáticas como un procedimiento a seguir en todas las demás investigaciones y materias, es su concepción de una “formula universal” que llama al lenguaje para que fuera un perfecto instrumento de análisis y demostración.

Se puede suponer en algunas ocasiones que el simbolismo de las matemáticas es por sí mismo un lenguaje perfecto. Lavoisier cita a Etienne Bonnot de Condillac en el efecto del álgebra “es la más simple, más exacta y de la mejor manera, y al mismo tiempo un lenguaje como método analítico”. De las ecuaciones analíticas “en las cuales Descartes fue el primero en introducir en el estudios de las curvas y superficies”, Joseph Fourier remarca que “ellos se extienden a todos los fenómenos en general. No puede haber un lenguaje más universal ni más simple, mas libre de errores y obscuridades, si bien es cierto, que más valga la pena expresar la invariable relación de la naturaleza de las cosas ...su primordial atributo es la claridad; no posee intenciones de expresar confusión .. sigue el mismo curso en el estudio del fenómeno; los interpreta utilizando el mismo lenguaje”.

Esta recopilación de simbolismos matemáticos indica que una función del ideal es una correspondencia exacta entre símbolos físicos y conceptos mentales, nunca habrá ninguna falla en la comunicación. Los hombres podrían entenderse unos con otros de la misma forma en que podrían ver directo dentro de sus mentes. A pesar de continuar utilizando señales externas como medio de comunicación, se aproximarían a la inmediata comunicación que los teólogos atribuyen a los ángeles. Además, el proceso de pensamiento, bastante aparte de la comunicación, podría ser perfectamente regulada por las reglas de la gramática ... las reglas de manipulación de símbolos.

En el sentido en que Lavoisier dice que “el arte del razonamiento no es nada mas que un lenguaje bien ordenado”, las reglas de pensamiento pudieran ser reducidas a las reglas de la sintaxis si se tratara de un lenguaje perfecto. Si los símbolos de las matemáticas carecieran de la universalidad de expresar todo tipo de conceptos, entonces seria necesario, como lo propone Leibniz, construir una “característica universal” que hiciera posible en calculo simbólico para la actuación de todas las operaciones del pensamiento. Esta concepción parece contener el principio y la motivación para los esquemas logísticos que acompañan al desarrollo moderno de la lógica simbólica o matemática, de George Boole y John Venn a Guiseppe Peano, Gottlob Frege, Louis Alexandre Couturat, Bertrand Russell y Ludwin Wittgenstein. La esperanza de realizar una lógica del álgebra encuentra la expresión en el plan de William Satenley Jevons para construir un ábaco lógico el cual, como añadiendo maquinas a calculadoras, seria una maquina pensante que seria capaz de resolver todos los problemas que pudieran ser puestos en términos acordes.

¿Es el ideal de un lenguaje perfecto y universal una esperanza genuina o un sueño utópico? No todos los científicos modernos parecen estar de acuerdo con el punto de Lavoisier que dice que el mejoramiento de una ciencia y el mejoramiento de lenguaje son inseparable. Fadaday, por ejemplo, al disculparse por la invención de una nueva palabra para nombrar el fenómeno eléctrico, dice de que el “esta completamente al tanto que lo nombres son una cosa y la ciencia es otra”. El carácter utópico de lo ideal parece estar implicado en la sátira de Wsift del lenguaje universal. En su travesía a las tierras de los científicos de Laputa, Gulliver aprende de un proyecto que había sido considerado por el profesor del lenguaje. “Si partimos de que las palabras son solo el nombre de las cosas, seria mas conveniente para todos lo hombres cargar con la necesidad de presentar un asunto en particular del cual no les es permitido discutir”. La substitución de las cosas por palabras nos proveería de un “lenguaje universal para ser entendido en todas las naciones civilizadas”.

En el mundo antiguo la imperfección del habla ordinaria da lugar, no a la concepción de un lenguaje perfecto el cual el hombre debiera intentar construir, sino a la consideración de la distinción entre un lenguaje hipotéticamente natural y el lenguaje existente convencional que actualmente se encuentran en uso. Si existiera un lenguaje natural, no solo seria igual para los hombres en cualquier parte, pero sus palabras serian una imagen perfecta o una imitación de las cosas. Este lenguaje humano es convencional mas que natural, y podría ser visto no solo en la pluralidad de la lengua, sino también en el hecho de que las lenguas existentes tienen principios contradictorios de simbolización.

De hecho, Plantón sugiere en “Cratylus”, que la lengua humana no se originó como un regalo de los dioses, si los dioses nos hubieran dado los nombres que usamos, las señales serian perfectamente y consistentemente adaptadas a las cosas que significan. La hipótesis del lenguaje natural o divino no es propuesta como un ideal para inspirar al hombre a tratar de inventar por sí mismo un lenguaje perfecto. Su función radica como una norma para el criticismo del lenguaje hecho por el hombre y para el descubrimiento de los elementos naturales comunes a todos los lenguajes convencionales.

Al igual que en la sociedad humana, el lenguaje humano parece ser en parte natural y en parte convencional. También existen ciertos principios políticos como la justicia natural, común en todas las sociedades a pesar de la diversidad en las costumbres e instituciones, es decir, todos los lenguajes convencionales tienen ciertas características comunes de estructura que indican su base natural y constitución física y mental del hombre. En la tradición de las artes liberales, la búsqueda de la gramática universal, aplicable a todos los lenguajes convencionales, representa no ser una esperanza de crear una lenguaje universal o perfecto, sino la convicción de que todas las lenguas tengan en común, sus bases naturales.

La hipótesis de un lenguaje natural toma otra forma y otras implicaciones en la tradición Judia-Cristiana, donde se discute en la luz de ciertas partes de las revelaciones. Aun así retiene la misma relevancia fundamental al problema del origen y características de las muchas lenguas convencionales que hoy existen.

El Génesis relaciona como, después de que Dios formara a cada bestia en la tierra y en el cielo, Él “los trajo ante Adán para ver como les iba a llamar; y al hacer esto, fue así como se les llamo”. Los nombres a los que Adán se refirió constituyeron el lenguaje natural, por lo menos, de acuerdo con la interpretación de Agustín, es el único “lenguaje común a la raza” es por esto que ambos antes del diluvio y por mucho tiempo mas. Pero aun existe la pregunta si los nombres dados por Adán fueron los correctos o propios –si eran signos naturales en el sentido de verdaderas representaciones de la naturaleza de las cosas a las cuales se refería.

Hobbes sugiere una respuesta cuando dice que “el primer autor del habla fue Dios, quien instruyo a Adán en como nombrar a las criaturas al presentarlas frente a él”, Agustín sugiere otra respuesta para identificar el lenguaje original del hombre en hebreo, y al afirmar la continuidad del hebreo hablado después de Babel con el lenguaje que todos los hombres hablaban antes de la confusión de las lenguas.

En el tiempo en el que el hombre empezó a construir “una torre donde su parte mas alta llegara al cielo”, el Génesis nos dice que “toda la tierra era de una lengua y de un solo habla... y el señor dijo, todo el pueblo es uno solo y todos tienen la misma lengua; y esto es lo que hicieron; y ahora nada quedara prohibido para ellos, todo lo que han imaginado hacer. Vallamos todos y encontrémonos con su lenguaje, aunque no entendamos el habla entre nosotros”.

Esto, según Hobbes, significa que el lenguaje “obtenido y aumentado por Adán y su posteridad, fue de nuevo perdido en la torre de Babel, cuando por la mano de Dios todos los hombres fueron castigados por su rebelión, con el reconocimiento de su lenguaje”. Si la siguiente implicación es que el lenguaje perdido era como ningún otro lenguaje convencional en la historia, entonces se puede suponer que, había sido esa forma natural del habla la cual nombre a cada cosa de acuerdo a su naturaleza. La idea moderna de un lenguaje perfecto y universal podría verse como un deseo de alcanzar lo que Dios nos quito a los hombres en Babel.

El problema del origen del lenguaje humano no es fácil para los teólogos. Es más difícil aun para aquellos que especulan acerca de sus términos puramente naturalistas. Rousseau intenta exponer algunas de las perplejidades de dichas especulaciones.

Si el habla no se convirtió en una necesidad social hasta que el hombre paso del aislamiento en su estado en la naturaleza a vivir juntos como sociedad, ¿cómo?, se pregunta él, las sociedades se pudieron haber formado antes de la invención del lenguaje. “Si el hombre necesita del habla para aprender a pensar”, él subraya, “ellos debieron haber tenido una gran necesidad del arte de pensar, para ser capaces de inventar el habla”. El desarrollo de las lenguas que ya existían, o la forma en que el niño aprende a hablar al vivir en el medio ambiente donde existe el habla, "de ninguna manera explica como el lenguaje fue originalmente formado”.

Rousseau se imagina condiciones primitivas en las cuales el hombre atendía a gritos o llantos instintivos “para implorar ayuda en caso de peligro, o cura en caso de sufrimiento”; él supone que para esos llantos, el hombre había añadido gestos o signos visibles de objetos movibles, e imitar sonidos para significar sonidos audibles. Estos métodos de expresión siendo insuficientes para transmitir ideas no presentes o futuras, el hombre tuvo por ultimo que inventar “el sonido articulado de la voz” e instituir estos como señales convencionales. Pero, como él observa, “este tipo de institución no solo pudo ser hecha por consenso común ...es aun más difícil de concebir, desde que un acuerdo en común tiene motivos, y habla, es por esto que, parece haber sido altamente necesario para establecer su uso”.

El problema del origen del lenguaje humano no esta conectado con el problema del origen de la sociedad humana, pero tampoco con el problema del origen del hombre mismo. La facultad para articular el habla no, según Darwin, “ofrece ninguna insuperable objeción a la creencia de que el hombre se ha desarrollado de alguna forma de vida inferior”. A través del uso habitual del lenguaje articulado que le es peculiar al hombre, “lo usa, en común con los primates, llantos inarticulados para expresar su significado, ayudado de gestos y los movimientos de los músculos del rostro”. El canto de los pájaros y el habla de los pericos nos dice que el animal pude aprender y repetir algunos sonidos definidos, y hasta relacionar palabras con cosas. Al parecer de Darwin, algo creíble es que el lenguaje articulado del hombre “debe su origen a la imitación y modificación de varios sonidos de la naturaleza, a las voces de otros animales y a los propios llantos instintivos del hombre, ayudado por señales y gestos”.

Tal echo del origen del habla humana no es creíble, sin embargo, para aquellos que están en desacuerdo con la declaración de Darwin de que “los animales inferiores difieren del hombre solamente y casi infinitamente en el poder de asociar los sonidos mas diversificados e ideas”. Aquellos que dicen que el raciocinio del hombre difiere en tipo, y no en grado, de los animales inteligentes que tienden a encontrar una correspondiente diferencia en tipo entre el lenguaje humano y el sonido de los brutos. Aristóteles, por ejemplo, dice que el hombre es el único animal el cual su naturaleza le “ha atribuido el don del habla. La mera vocalización es solo una indicación del placer y del dolor y por esto se puede encontrar en otros animales “, pero solo el hombre tiene el poder para discutir las cosas que ocurren y lo justo, y este echo distingue a la asociación humana de la simple compañía de los animales.

El habla humana es, para Descartes, uno de los dos criterios por los cuales podemos “reconocer la diferencia que existe entre el hombre y los brutos. Es por este acto tan significativo que pueden ser considerados tontos, sin excluir a los tontos, no son capaces de ligar diferentes palabras conjuntamente, para formar en ellos una declaración por la cual puedan conocer sus pensamientos; mientras que, por otra parte, no existe ningún otro animal ...que pueda hacer lo mismo”.

La diferencia entre el hombre y otro animales es mas ampliamente discutida en el capítulo del HOMBRE. Aquí nos concierne la opinión opuesta en la materia solo en la relación de puntos de vista opuestos del lenguaje humano y sus orígenes. Cuando, según el punto de vista de Descartes, el lenguaje humano se distingue en sintaxis y gramática o, según Locke, por el poder especial del hombre para usar los sonidos “como señales de concepciones internas, y establecerlas como ideas en su propia mente”, el origen del habla humana no parece ser explicable en términos de evolución.

La relación de la gramática con las otras artes liberales y a los varios usos del lenguaje es considerado en el capitulo de LÓGICA, POESÍA Y RETÓRICA. Aislada de estas otras, la gramática primordialmente se preocupa por la distinción de las partes del habla, como los pronombres y verbos, al igual que los adjetivos.

“Con un pronombre”, dice Aristóteles, “podemos dar entender un sonido significante por convención, el cual no tiene referencia en tiempo, y que en ninguna de sus partes se encuentra separada de las demás”. En contraste al pronombre, el verbo es definido por Aristóteles como el tipo de palabras que, “además de su propio significado, lleva una carga referente al tiempo”, continua diciendo que “el verbo es siempre una indicación de algo dicho de algo más”. La función gramática de los pronombres y los verbos es, en la opinión de Locke, generalmente mas reconocida y mejor definida que aquella de las preposiciones y conjunciones. Dichas palabras, escribe Locke, “nos muestra que conexiones, restricciones, distinciones, oposiciones, énfasis, etc. Da a cada parte de su discurso ...El cual mostrara el uso correcto de las palabras, y que significado y fueza tienen, deberá también tomar mas sacrificio para entrar en sus propios pensamientos y observar las diversas posturas de su mente”.

La gramática se ocupa también de las diferencias entre las palabras (o frases) y oraciones, o, en los términos de Aristóteles, entre expresiones simples y compuestas; y con las reglas de sintaxis que gobiernan el orden y acuerdos de las palabras según su función como parte del habla. Haciendo referencia a estas reglas los estudiosos de la gramática critican el mal uso del lenguaje y clasifican una gran variedad de errores comunes.

Una prueba de que la gramática puede ser un arte universal aplicable a todas las lenguas –no solo una serie de reglas para usar correctamente un lenguaje particularmente convencional –es su naturaleza de su distinción teórica. ¿Serán las distinciones de Aristóteles entre los pronombres y los verbos, por ejemplo, algo natural en la comunicación, o es peculiar a los griegos o las lenguas Indo-Europeas?

Existe un significado del lenguaje el cual incluye mas que el habla del hombre y los brutos. Hipócrates creía que, los sintomas de las enfermedades estaban conectados a un sistema de señales, un lenguaje del cual el arte del diagnostico proveía a la gramática de interpretación. Esto es particularmente cierto en el campo de la fisiología, en el sicoanálisis de las neuronas y especialmente en la interpretación de los sueños de Freud, ambos sintamas y los símbolos de los sueños son considerados como un leguaje elaborado. El lenguaje sirve para expresar el pensamientos inconscientes y deseos los cuales no pueden ser expresados en el lenguaje ordinario de la comunicaron social donde la conciencia ejercita algún tipo de control.

Estos ejemplos médicos representan una concepción del lenguaje de acuerdo al cual su completa naturaleza es un libro para ser leído por los científicos. Él penetra en los misterios de la naturaleza al aprender la gramática de las señales naturales. Para conocer la relación de las cosas naturales como causa y efecto o como todo y parte, es para encontrar en la sintaxis de la naturaleza. De acuerdo a otra concepción, expresada por Galileo, el libro de la naturaleza “esta escrito en lenguaje matemático, sus símbolos son triángulos, círculos y otras figuras geométricas, sin las cuales seria imposible comprender ni una sola palabra”.

El libro de la naturaleza también puede ser leído como el lenguaje de Dios. Profecía o revelación divina es la lectura de los sueños o de otros eventos que sirven los propósitos divinos. El cual alcanza el cielo mas elevado, Dante encuentra en la visión de la Santísima Trinidad, “envuelto de amor en un solo volumen, el cual esta disperso a través de todo el universo”. Berkely va mas allá que esto. Todas las ideas que el hombre tiene por el sentido de la percepción son palabras de un vocabulario divino.

Dios le habla al hombre todavía de otra forma. Por lo menos dentro de las tradiciones Judio-Cristianas, se cree que Dios se revelo así mismo ante el hombre a través del vehículo del lenguaje humano. Escrito por el hombre bajo una inspiración divina, las Sagradas Escrituras son la palabra de Dios. Por que es a la vez humano y divino, este lenguaje es para el hombre es más difícil de interpretar.

El arte de interpretar la Biblia involucra la mas elaborada teoría de las señales, con diversos tipos y niveles de significado. Involucra reglas especiales de lectura. El desarrollo de esta teoría y las reglas de Agustín y Aquinas, Maimonides y Spinoza, Hobbes y Pascal, han dependido de las artes liberales y han engrandecido el punto de vista del entendimiento humano de otro lenguaje –el suyo propio o el de la naturaleza. Si partimos de que el corazón de esta gran consideración del lenguaje recae en el análisis del significado y sus formas, la discusión del simbolismo de la naturaleza y el mundo de Dios pertenece al capitulo de SEÑALES Y SIMBOLOS; y, su aspecto teológico, a los capítulos de PROFECIA Y RELIGION.

La discusión del lenguaje, como hemos visto, no puede ser separado de la consideración de la naturaleza del hombre y la sociedad humana. “la lingüística”, dice Levi-Strauss, “ocupa un lugar especial en las ciencias sociales”.

Por que Él “creo a hombre como una criatura social”, Dios, según Locke, “lo creo no solo con una inclinación y bajo la necesidad de compañerismo con aquellos de su mismo tipo, pero lo pulió dándole el lenguaje, el cual lograría ser un gran instrumento y un elemento común en la sociedad”.

Esto no quiere decir que el compañerismo del hombre dependa del habla. Según Locke, el hombre no puede disfrutar de “las comodidades y ventajas de la sociedad ...sin la comunicación de pensamientos”. El hecho de que “el hombre posee por naturaleza sus órganos de tal manera que pueda reproducir sonidos articulados ...no fue suficiente para generar el lenguaje” –por los menos no el lenguaje humano “para los cotorros, y algunos otros pájaros parase ser posible que hagan sonidos articulados suficientemente distintivos”, y todavía, Locke escribe, ellos son “por ningún medio capaces de hablar.”

Rousseau, por otra parte, parece pensar que bajo circunstancia primitivas el origen de la sociedad y el lenguaje, la asociación del hombre “no requirira un lenguaje mas refinado que el de los sonidos de los monos, quienes se asocian juntos para propósitos en común. Llantos inarticulados, muchos gestos y algunos sonidos imitativos, debieron ser por un largo tiempo el lenguaje universal”, escribe, “y además, en cada país, a raíz de los sonidos articulados convencionales ...lenguas particulares fueron producidas; pero estas eran burdas e imperfectas, y tan parecidas como hoy en día, pueden ser halladas en algunos lugares salvajes”.

La pluralidad de los lenguajes convencionales e históricos, parece ser paralelo a la pluralidad de las naciones o sociedades en las cuales la humanidad se ha dividido. Pero subrayando la diversidad de lenguas existe también una unidad que implica la posibilidad de la unificación de la humanidad. Para extender la expresión del lenguaje, diversos lenguajes son medios con un mismo fin. “No todos los hombres tienen los mismo sonidos del habla”, Aristóteles declara, “pero las experiencias mentales, las cuales directamente simboliza, son las mismas para todos”.

La comunidad humana ha concebido en términos de la comunicación de pensamientos se extiende tan lejos como los limites de la comunicación entre los hombres. No esta limitada por barreras políticas. Vence por traslación las barreras puestas por la diversidad de lenguas. Incluye a los vivos y muertos y se extiende a los que todavía no han nacido. En este sentido, la civilización humana puede ser descrita como la civilización del dialogo, y la tradición de los grandes libros puede ser concebida como la gran conversación en la que todos los hombres pueden participar. La extensión de esta conversación mide el rango del pensamiento occidental. El vocabulario de su lenguaje es la materia prima de ideas en la cuales cada individuo pude empezar a pensar por sí mismo. Como observa Platon, “el pensamiento y el habla son lo mismo, con esta excepción, a lo que se le llama pensamiento es la conversación inalterada del alma consigo misa”.