El Placer y El Dolor

El placer y el dolor, escribe Locke, "al igual que otras ideas simples, no pueden ser descritas, tampoco sus nombres pueden ser definidos; la forma de conocerlos es... sólo a través de la experiencia". Ese placer y dolor son experiencias elementales, atribuidas a animales al igual  que disfrutadas y sufridas por el hombre, son a su vez acogidas por poetas al igual que fisiólogos, por economistas y teólogos, por historiadores y moralistas. Aun en la tradición del pensamiento occidental, pocos de los grandes escritores están conformes con dejar a la naturaleza o el significado del placer y el dolor a solo las intuiciones de la experiencia.
Definiciones conflictivas son propuestas. Los sicólogos desacuerdan acerca de las condiciones bajo las cuales el sentimiento de placer y dolor ocurren, sus causas y consecuencias, su relación con la sensación, al deseo y emoción, al pensamiento y acción. Los moralistas discuten  ya sea que el placer es un bien y el dolor es sólo maligno, o ya sea que el placer es sólo un bien entre otros para ser aceptado según su valor en la escala de los bienes, o ya sea que el placer y el dolor sean moralmente indiferentes, o algunos placeres son buenos, otros malos, o todos son malignos
intrínsecamente.
No sólo en la teoría del bien y el mal, sino también en las teorías de la belleza y la verdad, el placer y el dolor son términos fundamentales. Son afectados por todas las dificultades que pertenecen a estos grandes temas; y también con las dificultades que pertenecen a las ideas de la virtud, pecado, y al castigo, del deber y la felicidad, en consideración  donde el placer y el dolor tradicionalmente participan.
El tradicional uso de la palabra "placer" y "dolor" se complica con la gran variedad de definiciones que se han dado. Otras palabras frecuentemente las substituyen, algunas veces como sinónimos y otras veces para expresar solo una parte o aspecto de su significado. Locke, por ejemplo, usa "placer" y "deleite", "dolor" o "incomodidad" y observa que "ya sea que lo llamemos satisfacción, deleite, placer, felicidad, etc., por otra parte, incomodidad, problema, dolor, tormento, angustia, miseria, etc., y por la otra, son aun grados diferentes de la misma cosa". Otros escritores utilizan "felicidad" y "tristeza" o "pena" como sinónimos para "placer" y  "dolor".
Las palabras "placer" y "dolor" son cercanamente asociadas con el significado de "placentero" e "implacentero", a pesar de que Freud algunas veces utiliza "implacentero" para decir lo opuesto de placer, que no representa lo mismo que el dolor ordinario.  Lo placentero es a menudo llamado "agradable", "disfrutable", o "satisfactorio". En el lenguaje de Shakespeare, las palabras "gusto" y "disgusto" tienen valor como los equivalentes de "placido" e "implacentero".
El problema  de lo que el placer y el dolor parecen, lógicamente preceden a la consideración ética de su relación con el bien y el mal, con la felicidad y la miseria, y con la virtud y el deber. Pero en la tradición de los grandes libros, la interrogante psicológica acerca del placer y del dolor surge usualmente en los tratados morales o políticos, y en algunas ocasiones con conexión con la discusión de la retórica. Lo que es el placer, como se causa, y el efecto que produce son solo consideraciones separadas sobre lo que el placer debe constituir o evitar, ya sea que algunos placeres debieran ser preferidos sobre otros, o ya sea que el placer sea el único criterio del bien. Algunas veces, como con Marco Aurelio y Epicteto, el punto ético que el placer y el dolor son en un sentido moralmente diferentes-es hecho sin ninguna referencia psicológica de la naturaleza o del origen de estas experiencias.
Más frecuentemente, como en el Prilebus de Platón y en la Ética Nicomaquea de Aristóteles, o en los escritos de Hobbes, Spinoza, Locke, y J. S. Mill, la discusión sicología se ve envuelta en todos los contextos éticos o políticos.
Aun Lucrecio y William James no parecen ser la completa excepción. La teoría de James  sobre los sentimientos de placer que acompaña a la actividad es impedida, en áreas donde el dolor atiende a las actividades penadas, y parecen ser una observación puramente sicología,   una que puede estar claramente divorciada de las consideraciones morales sobre las bases que no existen diferencia  a la ocurrencia del placer y del dolor, donde la actividad en cuestión es éticamente buena o mala. Aun así, James hace de esta observación la base para discutir en contra de aquellos a quienes llama   "los filósofos del placer" -aquellos que hacen del placer el único motivo o meta de la conducta. Ellos confunden, él piensa, la búsqueda del placer en si con el placer que acompaña a los alcances exitosos u otras cosas que puedan ser los objetivos de la actividad.
"Un acto placentero", él escribe, "y un acto que busca al placer son en si mismos dos concepciones perfectamente distintas, a pesar de que ellas coexisten en un fenómeno concreto siempre que un placer es deliberadamente perseguido... Porque el placer de un logro puede convertirse en un placer buscado en cualquier ocasión supuesta, y no cumple cada vez y donde sea que el placer es buscado". Uno también puede suponer que "por que ninguna maquina de vapor puede visitar al mar sin incidentalmente consumir carbón, y por que algunas maquinas de vapor pueden ocasionalmente  ir al mar para probar su carbón, eso entonces hace que ninguna maquina de vapor pueda ir al mar por ningún otro motivo que aquel del consumo de carbón".
Observaciones sociológicas de este tipo poseen una obvia relevancia para la teoría de Aristóteles sobre los placeres buenos y malos, al igual que para las posiciones de Locke y Mill acerca de que el placer es el único bien y el único objeto de deseo. Ellos revelan una tendencia ética aun en la visión psicológica del placer y del dolor. El mismo punto puede ser establecido con respecto a las observaciones de James en donde "el placer es generalmente asociado con lo beneficial, el dolor con lo detrimental, es decir, con las experiencias".
Lucrecio parece darle un valor puramente sociológico al placer y al dolor en términos del efecto sobre los sentidos orgánicos de las varias configuraciones atómicas.
Pero Lucrecio se preocupa en subrayar no solo las bases del dolor en su naturaleza atómica de las cosas, sino también en la tendencia neutral de todos los objetos sensibles para evitar el dolor como el único mal reinante.
Sin ofrecer ninguna explicación psicológica sobre placer de la mente, Lucrecio lo posiciona por encima de los placeres del cuerpo, al igual que la jerarquía parece ser inevitable seguida de los tormentos corporales o aun para ser mezclados con ellos. La prioridad de la naturaleza, entonces, no es buscar el placer, sino evitar el dolor; y entre los placeres buscar solo los puros o los no mezclados, los placeres del conocimiento y de la verdad. La distinción entre las diferentes cualidades del placer (placeres del cuerpo y de la mente, placeres mezclados y puros), es hecha por Platón y Mill al igual que por Lucrecio, inevitablemente tienden a poseer de una sola vez un
significado moral y sociológico.
Si, en los grandes libros, existe cualquier teoría puramente psicológica del placer y del dolor, divorciada de las consideraciones morales, se encuentra probablemente con Freud.
El principio del placer, según él, automáticamente regula la operación del aparato mental. "Nuestra completa actividad física", él escribe, "se inclina hacia procurar el placer y evitar el dolor". A pesar de que el placer y el dolor son para él primordialmente elementos de la vida mental, Freud admite
la dificultad que presentan para el análisis sociológico. "A nosotros nos gustaría saber", él escribe, "cuáles son las condiciones que dan lugar al placer y al dolor, pero es justo ahí donde nos quedamos cortos. Solo nos podemos aventurar en decir que el placer esta de cierta forma conectado con la disminución, mejoramiento, o  extinción de la cantidad de estimulación en el aparato mental; y que el dolor involucra un crecimiento en jerarquía. Las consideraciones del más intenso placer del que el hombre es capaz,  el placer en el acto sexual, deja poca duda sobre este punto".
Aun para Freud, el principio del placer no es único regulador de la vida mental. Además de los instintos sexuales, que apuntan hacia la gratificación y al placer, existen también los instintos del ego los cuales, "bajo la influencia de la necesidad, su pareja, pronto aprende a remplazar al principio del placer a través de su modificación. La tarea de evitar el dolor se convierte para ellos, casi de igual importancia  a aquella de obtener placer; el ego aprende  que debe inevitablemente continuar sin ninguna satisfacción inmediata, o gratificación pospuesta, a aprender a aguantar un grado de dolor, y en conjunto renunciar a ciertas fuentes  de placer. A pesar de esto, el ego se hace "razonable", y ya no es controlado por el principio del placer, pero obedece al principio de realidad, que también busca el placer -a pesar de ser un placer retardado y disminuido, uno que es asegurado por el hecho de su realización, su relación con la realidad".
Este reconocimiento del conflicto entre el placer y la realidad, con una consecuente atenuación o redirección del principio del placer, no es amplificado por Freud hacia una doctrina moral. Sin embargo, fluctúa en un impactante parecido  a  las  teorías  de  los  moralistas  como Kant que se
oponen al deber del placer; y también a las enseñanzas de aquellos quienes, como Aristóteles y Aquino, conciben como una virtud a ciertos placeres y la duración de ciertos dolores, a pesar de una razonable y usual moderación de estas pasiones.
Si el placer y el dolor fueran simples sensaciones, como la sensación del dolor y del sonido, expondrían un problema para los sicólogos no tan diferente como los problemas que surgen en el campo de la visión y la audición. Las investigaciones psicológicas modernas dicen haber descubierto terminales nerviosas diferenciadas para el dolor, las cuales, junto con los órganos de los sentidos específicos para el placer, calor, y frío, constituyen a los sentidos cutáneos. Pero ya sea que existan células especificas para la recepción de la estimulación del dolor o si el dolor cutáneo resulta de las intensas estimulaciones de la presión y de las terminales nerviosas termales, entonces parece no existir evidencia de órganos sensitivos al placer como, por ejemplo, las células nerviosas de la retina resultan sensibles a la luz. El sentimiento de placer, parecería seguir,  no es una sensación. Esto parece ser confirmado por la observación tradicional de que cada tipo de sensación, incluyendo a la sensación del dolor, que puede ser placentera.
Aún si el dolor, a diferencia del placer, se encuentra ser una modalidad especifica de la sensación con un órgano sensitivo especial, todos los otros tipos de sensaciones -visual, auditiva, olfato, etc.-podrían aun poseen un grado de dolor o sentimiento implacentero como atributo. Ese es el caso que parece ser el tema de la observación tradicional. Locke, por ejemplo, dice que "el deleite o la incomodidad, cualquiera de las dos, se unen así mismas a casi todas nuestras ideas de sensación y reflexión: no existe ninguna afección de nuestros sentidos sin ellas... las cuales no serán capaces de producirnos placer o dolor". Entendido esto, el placer y el dolor o lo placentero o lo implacentero-no son sensaciones opuestas, como lo caliente y lo helado, sino atributos contrarios con los cuales cada tipo de sensación puede ser afectada.
Todo necesita ser. Algunas sensaciones podrían ser neutrales con referencia a lo que los sicólogos llaman "tono afectivo" o "cualidad afectiva".
El tipo de placer y dolor al que es llamado "corporal" o "sensitivo" seria sensitivo por que es un atributo de las sensaciones, y corporal por que involucra a los órganos corporales. Pero en casi cada gran discusión sobre el placer y el dolor, otros tipos son reconocidos: deleites intelectuales,
los placeres y dolores del aprendizaje, placer estético al contemplar la belleza con la mente al igual que con los sentidos, el dolor de una perdida, el luto que acompaña una privación, que es tan diferente del tormento de una aflicción dolorosa de los sentidos. El sufrimiento humano con el cual los grandes poemas lidian es mas a menudo un tormento del espíritu que de la carne.
Para cubrir estos otros tipos de placeres y dolores, debemos ir mas allá de la sensación, es decir, hacia dos otros términos tradicionalmente conectados con el análisis sociológico del placer y del dolor. Uno es la emoción, el otro es el deseo, la jerarquía debe ser comprendida burdamente como inclusoria de ambos apetitos sensitivos y racionales -ambos las pasiones y de la voluntad. Aquino, por ejemplo, trata a la felicidad y a la tristeza como emociones especificas que representan el apetito en un estado de satisfacción o frustración. Entonces, también, la voluntad como un apetito puede descansar en el apego de sus objetos y, con fruto, estar en un estado de felicidad.
En los grandes libros de ficción, el placer y el dolor se mezclan con la emoción y el deseo, particularmente con el amor. La fórmula usual conecta al dolor con la pérdida del amor, y al placer con la unión de los amantes al final. Esta fórmula se hace más compleja en los escritos de Proust. El amor de Swann para Odette es sólo disfrutable mientras la posee, o más importante, la idea de ella en su mente.
Proust nos hace cree que es soóo dicha idea de lo amado  lo que amamos, para el amor de Swann -con su felicidad y tormento alternándose-es mas fuerte cuando Odette no se encuentra alrededor.
Como condiciones del apetito, el placer y dolor (o felicidad y tristeza) pueden ser ya sea pasiones y, como todas las demás emociones, estados corporales; o pueden ser actos de la voluntad y, según por lo menos Aquino, estados espirituales. Pero de cualquier forma el placer y el dolor parecen representar la satisfacción o frustración del deseo, mas que a objetos deseados o queridos. Para ser complacido por el apego de un objeto deseado, como la comida y la bebida o el conocimiento, no representa lo mismo  el deseo del placer en si, como, por ejemplo, la sensación placentera que puede estar involucrada en comer o beber.
Aquino habla acerca del deseo del placer y de la aversión al dolor, al igual que del placer y del dolor de deseos satisfechos o insatisfechos. Si las mismas palabras casi siempre son usadas para iniciar ambos significados, los dos sentidos del placer y lo implacentero podrían pasar desapercibidas, a menos a través del contexto o por una mención explícita al que el autor haga
referencia del placer como un objeto del deseo, o que lo identifique con la satisfacción del cualquier deseo, ya sea por placer o por alguno otro objeto. Como lo indica un pasaje antes citado de James, y como lo veremos mas complejamente, la distinción entre estos dos sentidos del placer posee una variación critica en la discusión entre aquellos que piensan que el placer es sólo el bien, y aquellos que piensan que el placer es un bien entre otros.
La diferencia generalmente reconocida entre los dos tipos de dolor -el dolor de los sentidos y el dolor de la perdida o privación- es paralela a la distinción que muchos escritores reconocen entre el placer sensorial y el placer de posesión o satisfacción.
El ejemplo de Platón del placer involucrado en el alivio de la picazón al rascarse parece tener ambos significados, y, además, mostrar que los placeres corporales pueden ser ya sea objetos sensuales o satisfacciones sensuales. En contaste, los placeres de la mente son satisfacciones del
deseo intelectual, con  la contemplación de la belleza o el conocimiento de la verdad.
Aristóteles lidia con el placer  y el dolor como objetos cuando define al temperamento como una persecución moderada de los placeres corporales, y un valor de controlar el miedo al dolor y el evitarlo. Pero el también concibe al placer como aquel que completa a cualquier actividad, ya sea de los sentidos y del cuerpo o el del pensamiento y la mente. "Sin actividad", él escribe, "el placer no surge, y cada actividad es completada por la presencia del placer". Este significado del placer parece ser análogo, si no idéntico, con el placer como satisfacciones, por lo menos tan lejos como la satisfacción de un deseo sea lo que complete a la actividad. Pueden también existir muchos diferentes tipos de placer como existen tipos de actividades; la calidad del placer es determinada por el carácter de la actividad que acompaña.
A pesar de que Mill se refiere al placer y a la libertad del dolor como "la única cosa deseable como fin", él admite  a muchos otros objetos de deseo, en el apego con el cual el hombre encuentra el placer o la satisfacción. Es incorrecto suponer que los seres humanos, él escribe, no son "capaces de ningún placer excepto de aquellos a los que los cerdos son capaces".
Precisamente porque "el ser humano posee facultades mas elevadas que los apetitos del animal", ellos poseen fuentes de placer o gratificación cerradas para el cerdo. Aquí como antes, dos significados del placer parecen estar involucrados. Al subrayar  que "el dinero, en muchos casos, es deseado en si", Mill nombra a un objeto de deseo el cual, al igual  que  la salud, el  conocimiento,  el poder, o la fama, no constituye un placer, aún así, al ser deseados, son una fuente de placer (satisfacción) cuando son alcanzados.
Al igual que otros objetos de deseo, los placeres sensuales o corporales pueden también ser fuentes de satisfacción.
Estos dos significados de placer necesitan mas de una distinción clara cuando la relación del placer con la felicidad se discute. Si la felicidad, como parecen decir Aristóteles y Mill, consiste en satisfacer a todos los deseos, entonces el contenido de una vida feliz puede ser descrita ya sea en
términos de los bienes que posee el hombre feliz -los objetos de deseo satisfechos- o en términos de placeres que acompañan a los bienes poseídos, esto es, los placeres que constituyen a las satisfacciones del deseo. Si el placer con otro significado, especialmente el placer sensual o corporal, es solo un objeto del deseo normal, entonces la falta o deficiencia del placer podría, como la perdida de la salud o fortuna, impedir a la felicidad del hombre. Pero la búsqueda del placer en este sentido no puede ser identificada con la búsqueda de la felicidad. Una vida que incluye todo tipo de placeres corporales y libre de todo tipo de  dolor corporal, si carece de otras cosas que el hombre normalmente desea, estaría marcada por muchas insatisfacciones inconsistentes con su felicidad.
Hablando con Don Quijote acerca de la isla que le gustaría gobernar, Sancho Panza dice: "Cuando soy bueno, hago lo que me plazca, y cuando hago lo que me plazca, estoy satisfecho; y cuando se está satisfecho, no existe nada mas que se pueda desear". Aquí, parecería, que Sancho concibe a la felicidad como la suma de los placeres en el sentido de satisfacciones todos los deseos descansan a través de las posesiones de sus objetos.
Esta ultima observación no parece describir la posición tomada por aquellos filósofos que hacen de la felicidad el bien más grande o la finalidad del hombre. Ambos Aristoóteles  y Mill distinguen a la vida de placeres, a la vida de las bestias o de los cerdos, de las vidas que emplean una mas alta facultad peculiar para hombre. En este sentido, tal vez, la vida de placeres puede ser vista como contraria u opuesta a lo que Johnson, junto con Aristóteles y Mill, llaman "la vida racional". Pero el placer en si, lejos de ser idéntico a la felicidad, representa el estado de satisfacción que es
idéntico con el de la felicidad, o una de las cosas que el hombre desea y hace de el un elemento de la vida  feliz.
Hobbes y Locke parecen ir mas lejos en esta dirección para identificar al placer con la felicidad o el bien. "El Placer",  escribe Hobbes, "es la aparición del  sentido del Bien... y lo Implacentero, la aparición o el sentido del Mal". Similarmente, Locke dice que "las cosas son buenas o malas solo con referencia al placer y al dolor. A eso que llamamos bien es apto para causar o incrementar el placer o para disminuir el dolor... Y, por el contrario, nombramos al mal que es apto para producir o incrementar el dolor, o disminuir el placer en nosotros". Para la felicidad, es, según
Locke, "el placer más grande del que somos capaces, y la miseria más grande es el dolor; en el grado mas bajo de lo que puede ser llamado felicidad es para disminuir al dolor".
¿En que sentido del término es que Locke identifica al placer con la felicidad? No al sentido sensual, tampoco al placer como un objeto de deseo, parecería, el dice: "Permitir a un hombre poner  su satisfacción en el placer sensual, y a otro en el deleite del conocimiento; a pesar de que cada hombre no puede sino confesar que existe un gran placer en lo que el otro busca, aun ninguno de los dos hace del deleite del otro una parte de su felicidad, sus deseos no se mueven, pero cada uno esta satisfecho sin lo que cada uno disfruta". Aun así, su entendimiento de la felicidad como consistente de placer o satisfacción acompañada de la posesión de las cosas deseadas, lo llevan a criticar a "la filosofía de lo antiguo".
La diferencia entre la posición de Locke y la de Mill parece, entonces, no recaer en la diferente concepción de la relación del placer -como objeto o como satisfacción de un deseo-con la felicidad, sino en la concepción de Locke del grado de felicidad que es determinada solo por una mayor o menor cantidad de placer, donde sea que Mill insiste en  las diversas cualidades del placer, y sobre la posibilidad de ordenar los placeres como mayores o menores. En consecuencia, Mill puede decir lo que para Locke seria incapaz de aprobar, que "es mejor ser un ser humano insatisfecho que un cerdo satisfecho;  es mejor ser Sócrates insatisfecho que un tonto satisfecho".
La negación de Locke que la felicidad es la misma para todos los hombres, explícitamente crea un problema con el punto de vista contrario de Aristóteles. También involucra un problema acerca del placer. Para Locke, como también aparentemente para Hobbes y Mill, el bien y lo placentero son inseparables. Nada que satisfaga al deseo puede ser malo. Ya sea, como en el punto de vista de Locke, que una satisfacción es tan buena como otra, y la única cosa que importa es la cantidad o el numero de satisfacciones; o ya sea, como el punto de vista de Mill, que un placer pueda ser mejor que otro, y de ninguna manera es un placer bueno mientras alguien lo desee, o desee el objeto que produce la satisfacción cuando se posee.
Pero, para Aristóteles, los deseos en si pueden ser buenos o malos, y consecuentemente pueden ser placeres buenos o malos, al igual que placeres que puedan variar en calidad y en grado de bondad. "Si las actividades difieren con respecto de su bondad y maldad, y algunas valen la pena para ser escogidas, otras para ser evitadas, u otras neutrales, entonces, también", Aristóteles escribe, "así son los placeres; para cada actividad existe un placer propio. El placer propio para una actividad que vale la pena es bueno, y lo propio para  otra actividad que no vale la pena es
mala".
El placer y el dolor, en el juicio de Aristóteles, son medidos por la virtud, no por lo que es bueno o malo a través del placer y del dolor. El placer y el dolor son elementos comunes en la buena vida y en la mala, pero solo los placeres que el hombre bueno disfruta, y los dolores que esta dispuesto a sufrir, pueden ser llamados buenos. Es por esto que "al educar al joven, lo envestimos con placer y dolor... para que pueda disfrutar y odiar a las cosas que le harán crecer en virtud y carácter". La virtud es poseída solo por aquellos que habitualmente toman el placer de las cosas
correctas.
Nietzsche disculpa al placer y al dolor de tener poco o nada de significado.
"Ya sea hedonismo, pesimismo, o utilitarismo: todas estas formas de pensamiento" encontradas con Aristóteles, Hobbes, Locke, y Mill-"dan valor a las cosas según el placer y el dolor" y deberían ser vistas "con decisión, no con vergüenza". A lo que Nietzsche añade que "existen problemas mayores que los problemas del placer y del dolor; y cada filosofía que los lidia como un pedazo de ingenuidad".
Como se indica en los capítulos de FELICIDAD y DEBER, los moralistas quienes hacen del deber mas que de la virtud el camino de la conducta correcta, y quienes hace de la bondad de cualquier cosa depender en su bien según las leyes morales, ven poca diferencia entre las varias teorías del placer y de la felicidad como el óptimo bien y el estándar de conducta.
El más elocuente tributo que Kant puede dar a la idea del deber es que "no acoge a nada encantador o insinuante". La razón, él dice, "nunca se permitirá así misma ser llevada" hacia la visión de que "existe un valor intrínsico en la existencia real del hombre, quien meramente vive para la felicidad... que aun cuando lo hace, sirve a los demás". Admitiendo que "el mayor valor de los placeres de la vida, que toma duración al  igual que los números",  parecería merecer "el nombre  de  una verdad, aun del bien mas alto", Kant añade que "la razón posiciona su cara en contra de esto también". La línea del deber esta siempre puesta en contra de las seducciones del placer o de cualquier calculo de utilidad, ya sea en términos de los medios para alcanzar la felicidad o los caminos para argumentar las satisfacciones de la vida.
Según los estoicos como Marco Aurelio, "el placer no es un bien ni tampoco es útil", tampoco es el dolor un mal, para cuando estamos "envueltos en dolor por cualquier objeto externo", nosotros recordaremos que "no es solo esto que nos disturba, sino nuestro propio juicio". El placer y el dolor son moralmente indiferentes, como para la vida y la muerte, para el honor y el deshonor, el dolor y el placer son cosas que "suceden igualmente a hombres buenos y malos" y entonces "no nos hacen ni buenos ni malos... y por ende no existe el bien o el mal".
Desde la misma observación, el placer es disfrutado por los hombres buenos y malos, Aristóteles y Platón parecen llegar a esta conclusión, no que sea moralmente indiferente, sino, como hemos visto, que existen buenos y malos placeres. Platón utiliza al placer y a la sabiduría para tipificar
fundamentalmente diferentes tipos de bien. La sabiduría es siempre verdad y buena, pero al igual que la opinión, que puede ser falsa o verdadera, existen placeres ciertos y falsos, buenos y malos placeres. Además, la sabiduría o el conocimiento representan el tipo de bien que es definitivo o
intrínsecamente medido, donde sea que el placer, al igual que la riqueza, sea un bien indefinido, requiriendo de algunas cosas externas, algo parecido a la sabiduría es necesario para medirlo y limitar sus cantidades.
Si a la sabiduría se le permitiera escoger entre los placeres, Sócrates sugieres en Philebus, escogería a aquellos asociados consigo mismo en las actividades de la mente, no de los placeres corporales que siempre se encuentran mezclados con el dolor. Mientras que el placer pertenezca al espectro del cambio del porvenir, es, de nuevo como la opinión, inferior al conocimiento y a la sabiduría, que muestran su bondad desde el espectro de los seres inmutables. Aun Platón no parece pensar que el conocimiento y la sabiduría son los únicos bienes. El argumento en contra de aquellos que piensan así parece ser tan conclusivo como en contra de aquellos que piensan que el placer es el único bien.
Cada una de las vidas simples -la vida del placer o la vida de la sabiduría-es deficiente. Sólo las vidas mezcladas, la vida que combina ambos el placer y a la sabiduría, es una vida completa. Al igual que la vida feliz, en el punto de vista de Aristóteles, parece estar encontrada en el principio que determina la bondad de esa mezcla o el orden correcto y proporcionado en el cual la variedad de bienes debe ser combinada.
Los problemas morales que han surgido aquí con respecto al placer y al dolor son mas burdamente considerados en los capítulos de EL BIEN Y EL MAL y en VIRTUD Y VICIO, TEMPERAMENTO, y PECADO, al igual que en los capítulos de FELICIDAD y DEBER. Otros asuntos están reservados completamente para su discusión en otro sitio, como el papel del placer en la percepción de la belleza y en el juicio de gusto (el capítulo de BELLEZA), o el papel del dolor en relación al gobierno del hombre (el capítulo sobre CASTIGO).
Dos problemas especiales que involucran al placer y al dolor permanecen para ser ligeramente mencionados. El primero concierne  al contraste entre el ascetismo y la autoindulgencia.
En la tradición del pensamiento y cultura occidental, y en el mundo antiguo al igual que en el moderno, aquellos que adoran al placer, se encuentran opuestos a aquellos que desestiman al placer, al igual que al mundo, a la carne, y al mal, aun dañando a la carne y sacrificándose así mismos con dolor. En su forma menos extrema estas actitudes contratantes generan los problemas tradicionales concernientes al lugar de las recreaciones mundanas de la vida del hombre en el estado. ¿Es  el placer del juego un alivio del dolor del trabajo, o es siempre una indulgencia que proveen la ocasión para el pecado? ¿Es el disfrute del teatro, de la música y la poesía, la bulla de
los festivales públicos, y las diversiones de los juegos o deportes cosas para ser promovidas o prohibidas por el estado?
El gusto del hombre por la diversión de todo tipo lleva a Blas Pascal a decir, "Que tan superficial es el corazón del hombre!". El hecho que "el hombre gaste su tiempo siguiendo a un balón" y que "sea un placer aun para los reyes", indica que tan profunda es la miseria de la cual el hombre trata
escapar a través del juego y del placer. "Si el hombre fuera feliz", Pascal sugiere, "lo seria mas en la medida en que se divirtiera".
El hombre se indulte en pasatiempos por otra razón, según Aristóteles. Ellos necesitan de "relajarse por que no son capaces de trabajar continuamente" y "la diversión es una forma de relajación". Pero "la felicidad no recae en la diversión. Seria, de hecho, extraña", él dice.
Estas reflexiones  sobre el trabajo y el juego, y del dolor y placer que envuelve, nos lleva al segundo de los dos problemas mencionados anteriormente. Este concierne al placer y al dolor en la vida del aprendizaje. Aquí no debe haber un problema fundamental, para la tradición que habla con casi una voz unánime sobre el placer que todos los hombre pueden encontrar al aprender y del dolor que ninguno puede evitar en el proceso de la búsqueda de la verdad.
El problema es más práctico y personal que el que los grandes libros ofrecen a los lectores, para poder resolver sus vidas individuales. Su invitación para aprender no debería ser aceptada, tampoco su promesa de placer que recae en aquellos no dispuestos a aceptar los dolores que, sin embargo son grandes inicialmente, gradualmente disminuyen mientras que la mente, en el proceso de aprendizaje, aprende a como aprender.
* Traducción libre de Mónica Miles, profesora de Inglés del Diplomado de Inglés de la Universidad de Hermosillo, con la revisión de los profesores del curso denominado Lenguaje, Lectura y Expresión de las licenciaturas que imparte la institución. El título de Pacer y Dolor corresponde al número 68 del libro Syntopicon, de la colección Great Books, propiedad de la
Enciclopedia Británica. Esta traducción tiene por objeto servir exclusivamente de apoyo académico y didáctico a los alumnos, profesores y visitantes de la pagina web udeh.org de la  Universidad de Hermosillo y no puede ser reproducida, comercializada o utilizada con otro fin que de consulta y exclusivamente para uso en los cursos de licenciatura y diplomados de esta institución y por tanto está prohibido el uso de estos materiales en fines que no sean académicos y en consecuencia está prohibida su reproducción sin autorización expresa y por escrito del titular de los derechos de autor Enciclopedia Británica y en su caso de Universidad de Hermosillo A. C.