Testimonio de Alan Munro de la Universidad de Hermosillo

¿Quién sostiene el Olimpo y reúne a los dioses? ¿Estamos parados? ¿Retrocedemos? ¿Avanzamos?. No! Damos vueltas. Goethe ha quedado atrás, el Aqueronte ha, sido navegado y Caronte sobornado. Atrás quedaron las sombras de la caverna con sus mandíbulas abiertas, siempre queriendo devorarnos.
El humeante embeleso ante el conocimiento no nos petrifico y juntos contemplamos los hechizos de Afrodita, construimos geometrías con Euclides e inventamos el cero en el Oriente. Acompañamos a Freud en el viaje sublime a la psicosis, fileteamos nuestras almas con la tragedia griega, soñamos con lámparas mágicas y alfombras voladoras, navegamos con Colon y Magallanes. Peleamos al lado de Aquiles y conquistamos países bajo el mando de Alejandro.
Desde los libros hemos tenido mil vidas, ¿Cuántas veces dialogamos con Platón, Sócrates y Aristóteles?
Una vez conocí a un fantasma que alborotaba soledades, mordiéndome por las alas sin soltarme. Era el miedo. El miedo al futuro es siempre incierto y caprichoso, nos hace sufrir. nos hace flaquear y dudar de nuestras propias capacidades; y es que nos esta permitido temblar pero nunca dejarnos vencer. Pero ahora se que ya no hay nada que temer; no solo tengo una familia de sangre, sino que tengo una familia de amigos.
Diferentes entre si, pero que compartirnos un mismo corazón, una misma voz y un mismo brazo que siempre aferra a la verdad. Que sabe que solo mediante el sacrificio se logran resultados y que a través de nuestra hermandad podemos cambiar las reglas.
De nuestras familias hemos obtenido su esfuerzo y valentía, su ejemplo nos ha enseñado, que el sacrificio es sinónimo del trabajo arduo de cada día, a cada hora, que es la moneda con la que se paga el éxito; que las decisiones se deben de tomar con la razón pero solo un gran corazón podrá alcanzar y dominar nuestras metas.
Hay un México descarnado, hambriento de justicia que grita nuestros nombres allá afuera, se está desangrando, no podemos dejarlo morir, debemos lanzarnos y cambiar la forma en como se hacen las cosas en este país. Por la libertad y la justicia debemos apostar la vida. No hay que esperar una recompensa en el cielo, sino pelear por nuestros derechos en la tierra. Mas vale la tumba que la decadencia. Hay que dar hasta que duela! 
Y aquí, en esta universidad madre, siempre hemos dado lo mejor de nosotros! aprendimos a respetar y querer a nuestro rector, maestros, alumnos y a todo el personal que estuvo a nuestro lado, a cada peldaño de esta espiral al mundo. A discutir y cuestionar las teorías mas comprobadas y los testimonios mas atestiguados.
Esta graduación era un sueño hace cinco años. Hoy es una prueba de la capacidad de los seres humanos para alcanzar las mas elevadas metas, y un premio realmente para los que creemos que un mundo mejor esta a nuestro alcance.
Cuando caminemos por el dédalo del desamparo, hechar mano de los recuerdos ya blandos, perdidos, y tantas veces desflorados, siempre será como una transfusión de magia y juventud.
hoy, he abierto mi corazón para esparcir las cenizas de mis sueños en las aguas de mi segundo hogar, a partir de hoy y para siempre, los hago realidad. Cuando el destino ha establecido un plazo, este se cumple inexorablemente. El tiempo ha llegado. Tengo que seguir asaltando almas en otro lugar, en otro tiempo, en otra espacio o dimensión.

Hasta pronto.
Muchas Gracias.
Alan Munro